"¿Cuánto tiempo hace ...


... que dejaste de valorar un paseo de la mano?

... que no compartes la luna en tu balcón?


 ... que no te tumbas en la arena a escuchar las olas?


... que olvidaste despedirte con un abrazo?

... que evitas llamarle?

... que arrinconaste tu sueño?


... que no bailas en sus brazos?

... que dejaste de cantar con tu hijo?
... que no has besado hasta faltarte el aire?

... que ocultas tu amor?

... que pensaste en escribirle?

... que no atiendes los
llantos?

... que no dices "Te quiero" mirando a los ojos?

... que no te escuchas?"





...¿Cuánto más 
necesitas 
para
hacerlo?...

 

“¡Vaya par!”


Mira que a este par les cuesta ponerse de acuerdo

 
Ya sé que no se lo ponemos fácil. Les volvemos locos haciéndoles creer que uno gobierna y el otro obedece para segundos después, decirles lo contrario. Y además lo hacemos con absoluta convicción; tan pronto estamos totalmente de acuerdo con la cordura de la mente como con la sensatez del corazón y lamentablemente lo que logramos es que acaben sometidos bajo el yugo de un conflicto del que les cuesta liberarse, cosa que no me extraña porque ambos poseen tal fuerza que ese poder que emanan les hace que inevitablemente luchen por regirse dueños de nuestro destino, lo que hace que el lograr un equilibrio entre ambos, sin ser tarea imposible, rara vez resulte sencillo. Y no hablemos ya de un acuerdo razonable que aúne “irresistibles personalidades”.

Lo que ocurre es que inexcusablemente debemos conseguir armonía entre el uno y el otro. De no ser así corremos el riesgo de andar navegando en una dura inestabilidad que va a marcar cada paso que demos.

Cierto es también que contamos con ayuda: hay evidencias muy reveladoras que despejan el camino alumbrando dónde antes habían sombras. Los instintos, esos por lo que tanto apuesto y a los que no siempre escucho, son grandes proveedores de sanación. Sin duda que algo se manifieste de forma clara y el prestar atención a ese interior nuestro que capta impresiones que aciertan prácticamente siempre, contribuyen a que “esta pareja” acerque posiciones en pro de nuestro bien.

Ninguno son indiferentes antes nosotros, por lo que al final lo que creo que hay que hacer es escuchar a la bondad del corazón sin obviar la prudencia de la mente.
 
 
Ahora bien, que alguien me explique cómo se logra eso de una forma rápida, pues mi impaciencia no siempre juega a mi favor.
Será que mi necesidad de expresarme propicia mi impulsividad entorpeciendo que me detenga para conceder a ambos contertulios su oportunidad de dar luz a Mi Mundo.
Más mantengo mi esperanza; estoy en camino de logarlo.

Silvia AG

"Mismo idioma"

Imborrables momentos en los que sin palabras,

hablamos el "mismo idioma" ...

"¿Y “Si”?


Si callo, me ahogo … Si hablo, me suicido.
Si hago, es demasiado … Si me abstengo, me reclaman actos.
Si pienso, complico … Si descuido, no existo.
Si miro, me descubro … Si me tapo, quieren verme.
Si quiero, me pierdo … Si no lo hago, me pierden.



¿Y “Si” … 
no me importa?
 


Silvia AG

"Evidencias al descubierto"

Cuestiono que exista capacidad ilimitada para encubrir almas ficticias por siempre.

Independientemente de que por un largo período no estén permitidos errores que
desvelen la real naturaleza, llega un punto en el que el propio subconsciente deja que la verdad perfore la maquillada identidad para florecer "no matter what!".

Probablemente el cansacio del peso o la necesitad de expulsar aquello que te hizo ser quién no eras, más escogiste, se rindan ante la invencible fuerza de propias, únicas e inherentes características que cada ser posee, e imposibiliten mantener falsificaciones por más tiempo.

Al fin y al cabo ...


"El tiempo saca a luz todo lo que está oculto y encubre y esconde lo que ahora brilla con el más grande esplendor". Quinto Horacio Flaco (65 AC-8 AC), poeta latino.


Si nos adelantamos a ello, si nos dejamos "ser", si nos "dejamos sentir" con humildad y afán de
progreso, pudiera ocurrir que la paz impere aplacando arraigadas y voluntarias imposiciones, desbancando la obligatoriedad de cumplir con otros formatos que no sean los propios. De esta forma, tendríamos a nuestro alcance magia para poder reformar aquello que consideremos, al tiempo de vivir con lo que ya estimamos, debe seguir ahí.