"Los contenidos de cada post, salvo en los que menciono a otro autor, son escritos originales míos que relejan reflexiones del mundo que me rodea, no siendo siempre autobiográficos. Cada entrada lleva asociada varios enlaces a otras publicaciones, (tan sólo hay que posicionarse en las palabras subrayadas o de diferente color al texto). De esta manera, os llevaré de "paseo" a través de los sentimientos y pensamientos que me llaman a dedicarles unas líneas. En la sección "Mi Mundo" encontraréis catálogo de entradas. En "Mis Creaciones" figura la relación de blogs que he creado, a los que también os invito. "Mis páginas dicen..." contiene una sección de películas que me han "dicho algo" (De Cine) y otros como lo referido a "Príncipes VerdeAzules, un libro creado entre Jorge Moreno y yo misma. Espero que lo disfrutéis". ¡Gracias!. Silvia AG

"Y Te DeSvAnEcIsTe”


El inesperado reencuentro se produjo una invernal tarde mientras ambos caminaban: él absorto, navegando en su mundo y ella, como cabía de esperar, absorta en su móvil.
-”Disculpa”, dijo él sin apenas mirar a la mujer a la que acababa de pisar involuntariamente.
-”¡¿Tú?!”, se giró ella tratando al tiempo de evitar que su teléfono chocara contra el suelo.
No se habían visto desde hacía meses. Eternos meses.
En algún momento de su historia, ella decidió unilateralmente esfumarse vertiendo sobre él gotas de agonía, de las que aún trata de reponerse.
En los últimos días de aquel frío verano, él no cesó en su empeño por conservar al menos un mínimo resquicio de lo que fueron, haciendo lo que en su mano estaba por llegar a su amada, pero cualquier intento cayó en vano. Ella se mantuvo distante sin apenas reaccionar ante las llamadas del que por aquel entonces aún llamada “mi vida”.
El cansancio que produce la sequedad de la indiferencia ayudó en cierta medida a que él finalmente desistiera y ella ... fue desapareciendo.
-”Te veo muy bien ...”, dijo con brillo en los ojos, “... y veo que aún llevas el perfume que te regalé. Recuerdo tu olor ... tu sonrisa y esa canción que solías poner cada día al despertar”, sonrió pícaramente cogiéndole la mano. Él permanecía inmóvil, casí atónito ante lo que escuchaba pues si bien mil veces pensó en el reencuentro, nunca imaginó que ella se mostraría con esa cercanía y menos con palabras que evocasen algo que pudiera relacionar lo vivido. Más bien creyó que simplemente cruzarían algunas frases de cortesía y ella huiría de nuevo sin mirar atrás.
-”Me alegra verte”, pudo por fin decir.
-”No debería ni hablarte”, interrumpió ella soltando su mano, “llevas días que ni asomas por mi oficina. No sé a qué viene esta actitud, pero bueno ¿me invitas a cenar?. Podemos ir a ese restaurante de la esquina que tanto nos gustaba … ¿recuerdas cómo el camarero imitaba a Al Pacino? … ¡qué risa aquel día que...!”, y así, sin cesar en su exposición, transcurrieron minutos. Largos minutos para él que no salía de su asombro. “¿Cómo puede actuar de tal forma que parece que nada ha sucedido?. ¿Es que no es consciente que hace meses, no días, que su ausencia invadió mi vida?. ¡Desapareció y no dejó rastro y mucho menos explicaciones!. Vacío. Eso es lo que me dejó.”
-”Escucha por favor, no puedo por menos interrumpirte. No entendí tu comportmiento cuando te fuiste como tampoco lo entiendo ahora. Para mí han sido meses muy duros en los que no he dejado de preguntarme qué fue lo que te hizo ocultarte dejándome con mil interrogantes”, expuso sin aliento. “Aún estoy esperando a que al menos me digas si recibiste la última carta que te escribí y dejé en tu buzón. Hubiera bastado una aclaración, algo que me indicara cómo cerrar y dejar de esperar”.
-”Ah si, esa carta. Cierto. He estado muy liada con mucho trabajo y apenas he tenido tiempo para nada. Peo bueno eso queda en el pasado. Ahora estamos aquí y por favor vamos a cenar que ¡estoy hambrienta!. Olvidemos lo anterior que tampoco es para tanto. Sólo han pasado unos días”, repitió. “No hay que volver sobre eso. Te he echado de menos”.
En ese instante se agolparon sobe él recuerdos de situaciones pasadas en las que esa mujer a la que había entregado su alma, solía escabullirse con débiles argumentos, justo cuando eran momentos para todo lo contrario, dejándole en la más absoluta de las incertidumbres.
De repente sintió paz. Besó su mejilla, acarició su rostro, ese que tantas veces besó perdiéndose en su aroma y le dijo con ternura: “Me he despertado y te has desvanecido”.
En silencio, marchó.
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Aquella noche ella durmió arropada entre sollozos y al abrigo de unas letras a las que “volvería una y otra vez asumiendo que ya era un pasado que le trajo hasta aquí”

 
Hola mi amor. He intentado llegar a tí de muchas formas sin conseguirlo. Te dejo esta carta como último intento para poder arreglar las cosas entre nosotros. Me cuesta respirar sin tí.
Sabes de sobra que ante conflictos, abogo por solucionar cara a cara y lo antes posible cualquier disconformidad; así lo llevo intentado meses con varias propuestas que no han sido aceptadas y ni creo escuchadas en su profundidad. No se les dio oportunidad. Sin más. En parte, lo entiendo. En este punto no ayudaban esas secuelas que dejé por no haberlo hecho fácil en ocasiones. Si embargo, este alargado vaivén que mantienes de hacer una cosa y decir otra no lo puedo soportar más pues sólo me lleva a crear más desconfianza, malestar y daño fracturando notablemente mi bienestar. Tampoco ando exento de responder de cierta forma ante este acto. Lo sé.
He jugado con una baraja que no era la mía tratando de conservar algo de cordialidad, pero me resulta como mínimo muy injusto no recibir al menos alguna explicación cuándo en cambio a mi se me piden y las doy, además de producir desequilibrio, (justo lo contrario de lo que necesito y quiero para mi vida).
Se ha destruído en lugar de construído.
Esta soledad que me has impuesto y que ha llegado en uno de los momentos en los que quizá menos la necesitaba, (quizás no: en realidad), me ha otorgado tiempo que me ha llevado de paseo por todos los recuerdos acumulados. Maravillosos momentos en los que ví quién quería ser y sentir apostando fuerte y con todos mis sentidos por alguien en quién creía. Entregué Todo. Y quería Todo también. Ese ha sido el problema; mi problema o error más bien, pues sin ánimo de reproche, en parte … en esa parte que para mí es la raíz, no se me entregó. Pero no culpo ni responsabilizo. Cada quién sabe lo que quiere o no entregar y sobretodo a quién. Todos lo hacemos. Es un derecho ootorgado y obligado. Pero hay lagunas que ya configuran ríos, llenos de muchas preguntas sin respuesta y promesas incumplidas de acciones que nunca vieron su luz a pesar de aguardarlas durante largos meses que me hacen cuestionar porqué seguí esperando y pidiendo en lugar de asumir lo que estaba ocurriendo. Pero dolían y dado que la promesa era conmutarla por lo contario, pues … pacientemente, esperé.
Siempre sostuve que las palabras fueron sinceras, más ahora, a día de hoy y desgraciadamente sin poder evitarlo, me cuesta seguir apostando por ello y es sin duda porque las acciones no resultan acordes a ellas. Es lo que ocurre a mi entender, cuando se crea vacío, ausencia y más si es de forma reincidente ... Cuando lo que predomina son evasivas ante preguntas claras, cuando no se fomenta ni concreta un encuentro; más allá de ello se entregan mil excusas para que no ocurra. Cuando no se acepta “verse”.
Y el tiempo pasa … Y se lleva fé y trae dolor. Dolor que nace de una contradición de palabras versus actos, de capítulos a medias, de ocultismos innecesarios, de agotamiento ante mi tozudez por derrumbar aparentes miedos a fin de unir. Dolor que nace, supongo y en definitiva, por conceptos de vida opuestos que aún teniendo en las manos el aunarlos, costó lograrlo.

Es así como la imperiosa fuerza de la forzada distancia, hizo su aparición de nuevo, (como antes otras veces, sí, muchas otras), aumentando con ello recelos, dudas y cansancio. No me quedó más que acatar sus indicaciones. Las tuyas.
Como huyo ante el vacío, pues aunque en ocasiones me ha traído alivio en esta no parecía ir por esa vía, acepté sus reglas y me dispuse a mantenerme ahí: en la distancia. Tampoco pudo ser ya que ese hilo con el que aún sustentabas ambos cuerpos ha seguido tirando de mi. Y me encuentro de nuevo bañado en un mar de incongruencias de las que no consigo obtener explicación por mucho que la pida, recibiendo en cambio ciertas frases que carecen de sentido cuando lo que se percibe es que las acciones distan considerablemente de ellas.
Así es que después de que mis lágrimas, una vez más, salieran de paseo bailando victoriosas sobre este cansado corazón y se fueran directas a mi intelecto para abofetearle, me di cuenta que bajo mi criterio, y aunque no siempre había encontrado la adecuada y correcta manera de demostrar que lo que quería era acercar, en conclusión a lo que constantemente me he dedicado es a ello. Pero el saldo ha sido infructuoso.
Tratando de entregar lo que yo mismo deseo para mi y gastadas otras alternativas, he creído oportuno dar por zanjado este recorrido que hoy por hoy parece que solamente trae descontento, sin que ello parezca un final de cierre, no obstante si un punto y aparte; hay dos corazones dañados que necesitan calor y creo que no podemos seguir lastimándoles.
Puede … que tal vez este cambio de párrafo, sane.
Puede … que quizás más adelante, en esas lagunas que ya configuran ríos se pueda nadar sin cargas.
Puede … que perduren los olores.
Puede … que cuando me despierte, nada se haya desvanecido..
Más por siempre ...
GRACIAS de todo corazón.
TQ.


Autora: Silvia AG