"Años atrás"

Si un par de años atrás hubiera si quiera imaginado en qué punto estoy ahora, sé que hubiera frenado y desviado mucho de lo acontecido.

No me hubiera dejado arrastrar a favor de otros obviando lo que mis instintos más profundos gritaban sin reparo.

Hubiera tenido más tiempo para darlo a mi tiempo.

No hubiera regalado momentos a menesteres no merecedores ni dignos de tal sacrificio, edificados a base de confianza ciega y entrega inapropiada. 
 
Resurgir ante el infortunio es complicado más no imposible.

El rendirse ante la realidad que golpea tu cara para ser capaz de ver allí lo que antes permanecía oculto entre la maleza, escondido al amparo de otros, acobardado y recubierto de engaños y tergiversaciones, sin honradez en definitiva, te descubre ante una existencia llena de interrogantes que a veces, ahogan.  
 
Sin embargo, sin esos años atrás no hubiera podido hacer de mí la persona que voy construyendo paso a paso para ser la que quiero sentir.

Así es que, lo damos por válido. Le damos la enhorabuena por la lección aprendida y empezamos con anhelo a escribir otro libro. Esta vez con los ojos mucho más abiertos y una entrega mucho más cautelosa.

"PAZ"


"No hay camino para la paz,
la paz es el camino"

Mahatma Gandhi (1869-1948) Político y pensador indio.

"Vapulear"

Hay quién se cree en la potestad de vapulear constantemente los cimientos de otro sin ningún tipo de reparo y peor aún, en la convicción de tener derecho a ello, sustentando que es más válido lo que dictamina que la puesta en marcha de los valores de aquel que recibe sus dardos.
 
Y llega un momento en el que todo se parte.
 
Se traspasa un límite y llega un final. 


Aquel que ha recibido las dañinas flechas buscando no obstante y durante tiempo explicación a semejantes hendiduras, dejando correr aire en la confianza de que es pasajero, aparta definitivamente de su lado a personas que solo embisten en lugar de cimentar. 
 

Nadie está en posesión absoluta de la verdad. Nada hay más frágil y con más definiciones, pues rara vez se llega a consenso unánime. De hecho, aquello que para uno marca evidencia, para otros no es más que síntoma de equivocación. 

Lo sí podemos hacer es beneficiarnos de las luces que una y otra verdad aportan. 

Debatir las sombras, más no aniquilar a aquel que mantiene criterio propio aunque opuesto al nuestro. Porque ocurre, incluso en ocasiones y ante la sorpresa de los que arremeten, que cuando escuchan, llegan a hacer suyas aquellas opiniones que antes criticaban con dureza.

 Como quiera que sea, con cortesía y civismo, conservemos siempre el respeto hacia el otro. Esto es infalible ante cualquier adversidad ya que, entre otros, contribuye a un crecimiento enriquecedor que revierte en ambas partes.
 
“La naturaleza  hace que los hombres nos parezcamos unos a otros y nos juntemos; la educación hace que seamos diferentes y que nos alejemos”. Confucio (551 AC-478 AC-Filósofo chino).

“Contra todo … somos”


La estela escrita en mi piel, se hace borrosa. Tenues son los renglones que antes me guiaron. La firmeza, desvanece. La mirada perdida, se orienta.

Los segundos pasan sin contarlos. Los días suman ya 24 horas y mi lucidez me desvela que me ha sido concedido sosiego, pues serenos son mis sueños y ya no asomas desvelándome.


Libremente cautivo, te quedas dónde has elegido estar. Persuadido por la idea de que no se toca lo que puede romperse, tu recuerdo te basta y yo te lo entrego. Desde aquí, inmóvil, prometes que nunca te irás.


No hay retorno en el camino, ni desliz en lo escogido. Cuál osados ingratos, regalamos al destino lo que para nosotros no quisimos.

 

"Mi más"

Tratando de acomodarse en su ortopédica silla, con voz entrecortada dijo: “Debajo de mi cama, dentro de una caja verde, envuelta en sobre sepia. Quiero que se quede en tus manos. Léela y búscala. Dile que dejé correr la brisa demasiadas primaveras, que fui en su busca más llegué tarde, pero sobretodo dile que siempre la amé; que eternamente será “Mi más””… 
Un año cualquiera, una tarde de octubre.
Hoy necesito hablarte.
Puede que sea lo último que te escriba.
Sólo el tiempo lo dirá.
………………………………………

Mi querido Alfredo: ¿Así es cómo dejas que se disuelva?. ¿Es lo mejor que se te ha ocurrido?. Te creía diferente a otros anteriores. Más locuaz, más entregado, más cortés, más firme, más consecuente, “más” en definitiva. Si, eras “Mi más”. Has ostentado este título, que ahora supongo dirías ni deseado ni pedido, durante largas primaveras. Te lo ganaste.

No digo que efectivamente no contara con que la jugada sería dura, compleja y por supuesto asumía la probabilidad de la retirada. Pero con lo que nunca conté fue con la indiferencia por desenlace.

Te hacía más fiel a mi respeto y desde luego no es la imagen que he llevado de ti todo este tiempo. Fíjate que de haberlo sabido antes, mis últimos pasos hubieran sido más cautelosos, más meditados. El resultado, el mismo, pero la forma, distinta. Mas que nada para no salir tan dañada. Porque he de decirte que duele.



Has de saber que la entrega con apenas esperanza y ¿porqué no? gratuita, si no lo niego, sin embargo meditada y valorada, de un alma abierta de par en par, sin escondites, con pureza, no es que cueste hacerla cuando se está convencida de ella, pero recibir tan solo el eco de tus propias palabras rebotando una y otra vez dentro de ti, sin ser capaz de obtener veredicto ante las preguntas, resulta cuanto menos  lastimoso, haciéndose más difícil aún el tolerar el vacío que a cambio se recibe.



Te lo explico. Primero dejas correr brisa, en el entendimiento de que todo lleva su proceso y cada cuál responde dentro de su tiempo. En este punto ni imaginas que te vas a quedar al borde del abismo. Sabes que lo que tenga que ser, llegará. Permaneces expectante, con ciertas gotas de esperanza.


Después la brisa pasa. Llegan las nevadas. Comienzas a sentir frío. No das crédito y empiezas a listar todos los “fenómenos paranormales” que han imposibilitado tu acercamiento. Es la única y posible explicación. Gélida, comienza a doler.


En tercer lugar, el asombro. Cuarto, la incredulidad. Ambos casi a la par. Duele con fuerza.


Quinto: remordimientos. No por lo hecho sino por cómo se hizo. Te cuestionas, crees que el problema es tuyo. Te sientes débil. Sigue doliendo intensamente.



Sexto, otro intento, pues confías en que tal vez se pueda volver al primer paso y dar un giro diferente. No sucede. Te hundes.

Séptimo, asumes derrota. Duele como nunca antes. Te hundes. Lloras.

Octavo … Inesperadamente, llega una señal. No está todo perdido. Los “fenómenos paranormales” no lograron su cometido. Aire suave entra ... ¡otra vez!. Aunque la novela a esta edad se lee diferente, cantas de nuevo. Sin embargo, la insensibilidad vuelve a ganar terreno.

Noveno: nada, absolutamente nada, dando pie a que “Mi más” se vaya haciendo pequeño.

Sustentada en la ayuda que proporciona el poder de la creencia en uno mismo, la angustia comienza a menguar despacito, muy despacito, aunque sin desaparecer. Baja el dolor, sube sin remedio la autoestima. De lo contrario, la catástrofe se hará dueña y resurgir ante tales cenizas pudiera resultar lucha feroz en terreno escarpado.

A modo de súplica, la sucesión de los siguientes pasos se aglutinan en uno:

Incapaz de crear una frase que se ajuste a la realidad, con el corazón marchito y defraudada, asumes sin compartirla, la respuesta despoblada de palabras.

Afligida, escasa en confianza, rota, das bienvenida al olvido en el deseo de que desaparezcas con la misma rapidez con la que te hiciste amo de mi corazón. 

Más los anhelos no siempre florecen. Hoy, tiempo después, sigues habitando en mí. 

Postrada de rodillas ante la tumba de su abuelo con las manos tintadas en sepia y sollozando, recordaba como él le decía “¿Te cuento mi secreto?”.




“Y ahora … ¿es cuando quieres que me quede?”.

¡¿Ahora que me voy es cuando quieres que me quede?!.

¡Qué extraño crucigrama inconexo!.


Llegas a destiempo.

¡¿Cómo hacer para que nuestras vidas confluyan al unísono?!.

 

Somos carne de bufones.



…Se te fué … Se te escurrió de las manos …


 
¡¿Y ahora que me voy es cuando me preguntas porqué lo hago?!

“Deseo deshonesto”

Dicen de “él” que pertenece al grupo de los 7 Pecados Capitales, entendiéndose en este contexto “capital” como fuente y creación de otras desviaciones de los mandatos divinos.

Quién viaja de la mano de este deseo dejando que se apodere de su alma, vivirá en una insalvable amargura de la que le será difícil verse liberado, pues ansía la felicidad que otro posee, sin detenerse a descubrir que “No es dichoso aquél a quien la fortuna no puede dar más, sino aquel a quien no puede quitar nada”.
 

Desarrollará tretas, (creará mentiras, emulará tener algo que no tiene…), para alimentar un sentimiento voraz de mal al prójimo tanto en el terreno material como en el intelectual, otorgando así alas al resentimiento.
 
Navegará en océanos de tristeza y agonía originada por el bien ajeno, llegando incluso a presentar patrones de complejo de superioridad ya que vivirá en la ficción de la posesión de valores, atributos y cualidades que en realidad no posee, negándolos en los que sí son dignos en ellas, de manera defensiva y agresiva.

Nada positivo. Despedaza el amor.

Pero hay vía de escape. Para cada gran pecado hay una virtud que logra aniquilarlo. En este caso, sería la no siempre puesta en práctica tarea de desear el bien a los otros.


Robert Green dijo que “en la vida no hay premios ni castigos, sino consecuencias”.

“Lo que está por llegar…”

Se va quedando dormido en un rincón de mi libro. Se apacigua el ansia, se calma el deseo. Pasa el recuerdo, aparece la corduraLo que pudo ser y no fue, repercute en algo que pudiera llegar a ser. Distintos actores, esperanza en el horizonte. Flaquea el aliento, más no decae. Lo vivido sustenta lo que está por llegar