"El Sol"

“Cualquier evento lo elevan a categoría de crisis”, sonrió guiñando un ojo. “No acabo de comprender qué es lo que te ha llevado a oscurecer el sol que ante ti se presenta. Llevas años aletargado en un hastío del que no sales. No pareces tú; te escondes”, continuaba Rubén al tiempo que se encendía un cigarro.

Su amigo le miraba mudo, casi sin pestañear. Cabizbajo, con manos sudorosas, mente alborotada, tomó la copa de vino y bebió: “A estas alturas de mi vida, no tengo necesidad de riesgos innecesarios que puedan tambalear lo que ahora poseo. Me quedo dónde estoy. Al fin y al cabo, lo conozco y lo sobrellevo. Lo que pudiera venir, pudiera ser peor. No merece la pena ni el salto. Ya no tengo edad para estos juegos. Esos rayos del sol, pudieran quemarme”.

 
Rubén atónito, repasaba brevemente cómo Eduardo, con una asombrosa destreza casi incuestionable, se había enfrentado en numerosas ocasiones ante mil y un desafío, que para otros, no hubieran sido ni en lo más mínimo, tenidos en cuenta.
 
El siempre el líder del Grupo6, como así mismos se denominaban y le denominaban, había dado continuamente muestras de una arrogante a la par que envidiable fortaleza difícil de arrebatar o destruir.
 
Acostumbraba a tomar las riendas de cualquier situación, llevando consigo y a modo de tarjeta de visita, un amplio abanico de posibilidades que desvanecía las barreras del más cobarde. Intrépido en los negocios y en asuntos personales extremadamente audaz, encontraba respuestas para todo y para todos. Era respuesta ante duda, era solución y no problema. Avance y no freno.
 
Le costaba encontrar el momento en el que su amigo se rindió y se dejó batir siendo incapaz, aún a día de hoy, de remontar la tristeza.
“Eduardo, ¿realmente merece la pena que sigas escudándote?. Ese temor que desprendes, es una fina tela que esconde comodidad, amparo ante el desafío, desgana, derrota sin contienda.
 
¿A dónde te llevará?...
 
Tú que tantas veces nos has empujado a saltar, a luchar, a agarrar cambios, criticándonos incluso en tono jocoso y burlón si alguno titubeaba y optaba por permanecer impasible.
 
Has perdido tu fuerza y con ello la posibilidad de beneficiarte del poder curativo de la transformación, aniquilando por tanto cualquier oportunidad de renacer.
Es un error que te dejes vencer por ti mismo. Es ahora, más que nunca, cuando deberías resurgir”.
Elevó la vista y clavó la mirada. Faltándole aliento, respondió: “Y es justo ahora, más que nunca, cuando el sol me deslumbra”.

Presentado en http://elrelatodelmes.wordpress.com/2011/08/31/292/

“Indiferencia”

Hay silencios que no se rellenan ni con el desgarro de unas lágrimas.
Suponen una forma de indiferencia, casi atroz diría yo, pues sin mediar palabras, el mensaje recibido es justamente ese: impasibilidad, insensibilidad, desinterésIndiferencia.

Hace muchos años ya que colecciono frases y a mi recuerdo viene hoy una de ellas que recogí tiempo atrás, muy atrás: "Lo contrario al amor no es el odio, sino la indiferencia", creo que de Freud. De aquella me caló, pero no con tanta fuerza como lo hace ahora. Era más joven y aún no había podido comprobar la veracidad de la misma. Pero la vida pasa y con ella vas degustando nuevos sabores que gustes o no, aderezan tu existencia.

La indiferencia marca un abismo brutal entre la inclinación y el rechazo, posicionándose como una balanza en medio de los dos que sin desviarse hacia ningún bando, inserta vacío.

El que la otorga se ve liberado ya que deja de sentir. Ni sufre ni padece. Se vuelve inmune y sigue sin girar la vista, sin importar lo que allí quede. Pasa página y continúa. 
 
Si ha tenido valor, recogerá los frutos de tal aprendizaje. Llegar a poseer la indiferencia supone de alguna forma, haber crecido: lo que dolía deja de hacerlo porque ya lo has sobrevivido. Lo que no entendías cobra tal sentido que el mismo te hace ser imperturbable. Lo que amabas se decolora hasta llegar al desencanto y de aquí a no importar, un paso: indiferencia.

Pero el que la recibe, el que la recibe sobretodo sin esperarla, puede ver cómo su alma se despedaza lentamente. La reconstrucción ante tal entrega se hace ciertamente ardua y laboriosa. Se abren grandes canales de dudas ante réplicas no entregadas ni explicadas. La indiferencia no suele ser ducha en el arte del lenguaje y no hay nada más hueco que un silencio entre ahogos. El mutismo brota implacable ante unos ojos humedecidos que buscan respuesta.  

Tanto si la recibes como si la otorgas, has de ser valiente;

*para vivirla, entenderla, aceptarla y sobrepasarla,
  
-en la entrega consciente del paso ejecutado; sensato y seguro has de estar en la partida

pues;
         *deberás asumir la entrega como una marcha, un adiós
          -horas de silencio podrían cubrir tu días

ya que;
         *recibir pasividad suele ser despedida sin retorno. 
         -quizás si decides volver, lo que recibas, sea lo antes otorgado: indiferencia.
 

 

“El regalo de la felicidad pertenece a quién lo desenvuelve”.

Por fin el dueño recoge lo que es suyo. Algo que siempre le perteneció y que siempre tuvo, pero que nunca tomó.
¿Cobardía, temor, recelo, indiferencia?.
Quizás todo ello unido.
Quizás no profesaba igual amor.
Quizás simplemente le bastara con saber que ella le amaba.

¿Es un sueño nutrido en ella?. Un fantasma en su vida, un amor en su recuerdo.  Una evocación perenne a aquella mirada entregada y recibida.
Ese instante que jamás ha vuelto. Ese sentir guardado en la memoria.  

Ha decolorado los momentos hasta desvanecerlos en el olvido. Creyó verse liberada dejando todo dónde debía estar: en el pasado.
Se convenció a base de silencios mantenidos, actos nunca ejecutados y agarró la cruel realidad de que nunca la eligió; en su baraja esta carta, no era apuesta.
Inútil fachada. Endeble fortaleza. Batalla perdida.

Quisiera alejar de ella la imperiosa necesidad de reír a su lado, de besar su boca, de dormir en su regazo … De compartir su felicidad.

Cuál Guadiana que desaparece y reaparece, toca a su puerta que continua e invariablemente, se abre con la misma brevedad que se cierra. 

Cansada de la otorgada “valentía”, siente que debe avanzar. Con más temor que coraje, fatiga a sus espaldas, un pequeño aliento de esperanza, y pese a no querer ser más esta débil figura de mujer, recorrerá de nuevo un camino que ya conoce.

Dicen que “el regalo de la felicidad pertenece a quién lo desenvuelve”.
Dicen que “la felicidad siempre viaja de incógnito; sólo después de que ha pasado, sabemos de ella”.
Dicen que “no está la felicidad en vivir, sino en saber vivir”.

Dejemos que digan y esperemos poder decir.

Llega el momento de vivir y no sobrevivir.

Por si no surge ocasión … GRACIAS.



Y por si surge, reserva siempre un baile

"Momentos"

 

"Ciertos pensamientos son plegarias. Hay momentos en que, sea cual fuere la actividad del cuerpo, el alma está de rodillas".
 
  "Los recuerdos no pueblan nuestra soledad, como suele decirse; antes al contrario, la hacen más profunda".

"A veces, no basta"

Y parece que, una vez más, el viento sopla.
Alentadora espera alimentada a lo largo de años.
Sueños rotos, reconstruidos en instantes y vueltos romper.
Vacío. Caricias sin dueño. Besos carentes de roce. Miradas huecas. Preguntas sin respuestas.
 

 La ventisca asoma de nuevo.
Ríos de ilusión serpentean desconcertados.
Cautela ante el desenlace.
Vida en la tuya.

 
A veces, no basta con recordar que te quería.