"Agridulce"

Parece ser que a veces nosotros mismos obstaculizamos el paso del amor en nuestras vidas. 
Andamos encerrados en nuestra coraza inconscientemente construida a base de ladrillos de miedo, deslealtad, orgullo y juicios.


Dejamos correr el tiempo y con ello oportunidades de desmantelar ese muro
Creemos que a cubierto estamos a salvo de volver a pisar terrenos de aguas turbias. Pero la vida, sabia o no, nos pone a prueba una y mil veces y nos hace cuestionar nuestro hacer ofreciéndonos la oportunidad de transformar esos ladrillos de miedo en ladrillos de oportunidad.

Hay quién no será capaz jamás de ver más allá de lo que en sí la definición de dolor nos otorga a cada uno de nosotros, recreándose en ese sentimiento de pena y haciendo de él su lema de vida, aniquilando así cualquier posibilidad de aprendizaje.


Nadie ha dicho que fuera fácil descubrir el provecho del dolor. 
Lo que sí es, es posible.


Si no has conocido la cara amarga difícilmente podrás reconocer la dulce: para saber cómo sabe una sensación, has de conocer la opuesta. Y todos tenemos las mismas oportunidades de destapar este misterio agridulce. 
Además no se escapa de ello. Las travesías que nos han sido entregadas van sorteando momentos de risa y llanto que se entrelazan.



Deberíamos ser aptos en el descubrimiento y disfrute de los instantes de bienestar y convivir con ellos tratando de que aumenten.

Los dañinos que al igual que los anteriores, también aparecen si llamar, vienen a dejarnos reconocer los dulces.

Así es que brindemos con ellos y dejémosles que nos ayuden a prosperar.
No nos dejemos caer esclavizados en la amargura y desaliento.


“No se puede llegar al alba sino por el sendero de la noche”.

Khalil Gibran (1883-1931. Ensayista, novelista y poeta).