"No eres o ¿yo no soy?"

El “quid” no es quién eres, en quién te has convertido, por qué haces o dejas de hacer qué, cuándo, cómo, dónde, o porqué hablas o nunca lo haces ...

El quid es … que no eres

Pero … realmente

¿Las personas se quieren conocer?
¿Verdaderamente dedican tiempo al encuentro con otros?
¿Hay honesto interés por adentrarse en el desarrollo de alguien que no sea uno mismo?
¿Interesa destapar la autenticidad que ocultan los rostros y más allá, caminar a su lado?
¿Queremos saber aunque ello implique riesgos?
Nos acercamos unos a otros buscando ser reparados.
A quién clama a gritos ser comprendido y por ende entendido, sin que a mi juicio, ello deba ir unido, ya que todo pueda ser entendido más no siempre compartido. Sin embargo, por una extraña mezcla casi tácita, normalmente asumen que si entiendes, afirmas diagnóstico. Cuando esta regla no se cumple bajo su precepto y antes siquiera de darte tiempo a reaccionar … has defraudado.

Personas hay también que les mueve un afán de castigo … Penas que llevan clavadas les inducen a resarcirlas en manos de otros haciéndoles incluso pagar penitenciasque no les corresponden. Si fallas en asumir estas culpas … defraudas también.

Otros ansían posicionarse sobre aquello que creen les pertenece aún sin, al menos, intentar ganarlo y para ello priorizan medios. Todo vale por logar el objetivo y “nada” es aquello que no les reporta tal fin, por lo que si no cubres sus expectativas … decepcionas y quedas relegado automáticamente al olvido.

Y en cuestiones de corazón … En estos menesteres la necesidad de reparación es todavía mayor. Este campo da juego a reivindicaciones de todo tipo. Inmenso abanico de variopintas necesidades que exigen deban ser “indudablemente” cubiertas. Pagos atrasados que han de ser zanjados con saldo positivo. Leyes y normas no escritas que no pueden ser apeladas. Ternura jamás recibida que debe cubrir espacios oscuros de soledad marchita. Putrefactos anclajes del pasado vienen a condicionar tu pase si consigues su derrumbe.

Y abocados vamos al desastre.

Malgastando energía en requerir aquello que no tuvimos, dejamos escapar lo que sí se puede alcanzar. No adentrarse en la autenticidad de lo que otros tengan que ofrecer, es destruir cualquier mínima posibilidad de acercamiento saludable que beneficiaría a todos, amén de disfrutar de un aprendizaje impagable.

Nuestra ya preconcebida mente y “sus inquilinos” dirigen de tal forma nuestra vida que entorpecen hasta el punto incluso de frenar en seco una mínima voluntad de dejar de ser centro para compartir otro.

Y nuevamente y más que nunca … defraudas.

Los corazones se alejan cabizbajos con sensación de despiadada derrota.


Las almas vagan tristes y nuevamente solitarias.

Los besos se desploman contra el suelo, arrastrando con ellos las caricias y abrazos que clavados de rodillas, abrazan vacío.

Tanto por nosotros, tan escasos por otros. El resultado de tal suma: “no eres”.

¿No eres? … ¿o lo que ocurre es que aún “yo no soy”? ... ¿A quién reclamar daños?.

A nosotros mismos …


Silvia AG

No hay comentarios:

Publicar un comentario

"HABLA PARA QUE YO TE CONOZCA". Deja tu huella...