"Laberinto"

Un extenso laberinto al que con pleno conocimiento me adentré, me ha tenido enredada en sus zarpas durante mucho tiempo. Demasiado.

De frente ante las
encrucijadas que mi avance dificultaban, el desconcierto y la incertidumbre me llevaban de regreso a mi aflicción para confundir más si cabe, a mi añoranza.

Cuál estatua de sal permanecía ante la misma disyuntiva con la que una y otra vez, y dos más, me encaraba.


Reincidente temerosa hubiera deseado no ser yo la ejecutora de tal resolución que si bien requirió de escapadas cobardes en busca del olvido, jamás dejó a mi cuerpo inmune contra escalofríos.

Antes de seguir permitiendo que el destino se hiciera dueño de aquello que yo creía mío, sin vacilar interrumpí su dirección para escribir mis propios renglones.

Tardé en dibujar mi salida; descuidé mi capacidad para perfilar el desenlace, lo que me mantuvo a cubierto de mis propios adversarios en esa recurrente zona de confort que realmente desestabiliza.

Más tanto recorrer angustiada, llegó a desgastarme.

La idea de permanecer "enjaulada en ningún lugar" no me atraía en
absoluto. Por ello es que dejando de lado caminos alternativos y a contracorriente,(según voraces más sin embargo ya lejanos juicios foráneos), me despojé de mis decrépitos impedimentos que durante unas cuantas frías primaveras me habían escoltado y ... abrí el camino.


Es ahora, en lo alto de esta cumbre, cuando puedo observar cómo mi carcelero laberinto ha caído tras de mí. Mi salida le dejó sólo, sin razón para existir.

Su desaparición me ha concedido el privilegio de ser mi propio guardián.

6 comentarios:

  1. ¡Que bonito es ver desde la cima el laberinto del que nos ha costado tanto tiempo escapar y sortear!
    Me ha encantado.
    Un abrazo.

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  2. He tenido que leerlo dos veces seguidas; no me valía con una lectura a vuela pluma y creo que he visto en tu texto la victoria de la intuición contra el pensamiento cartesiano.
    Quizá diciendo esto lo lleve a mi terreno para hacérmelo mas comprensible a mí mismo; pero siempre he sentido una emoción contradictoria frente al mito del laberinto; por un lado me atrae y me fascina, pero por otro me abruma, siempre he creado mis propios pasos y me resultaría imposible seguir un mapa de ruta que, para más inri, está plagada de trampas y de senderos sin salida.
    Si me viera físicamente en uno probablemente los atravesaría en diagonal (como lo que hacían los surrealistas del teatro pánico por las calles de Chile); no me importarían las barreras ni los muros y, por muy grande que fuera el laberinto encontraría la salida a la fuerza.
    Me ha parecido que es lo que querías transmitir; pero no lo sé, igual me he ido por las ramas.
    Sea como sea me ha parecido una de las entradas más sugerentes que te he leído; me encanta venir por aquí, amiga mía.

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  3. Y a mí me encanta cómo desmenuzas cada frase...¡Es genial y te lo agradezco, José!.

    Mi laberinto es una de esas trampas que te ponen a prueba; llegan a tí y de tu mano está el derrotar muros, como dices, o seguir en él a cubierto de, creo lo más importante, conocerte a tí mismo, pues al fin y al cabo, seguir tus instintos es de lo más veraz que nace en cada uno. ¡Un abrazo y mil gracias!

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  4. Laberintos y jaulas... hacen mucho daño y generalmente es muy díficil escapar por diferentes motivos.
    Si logramos abrir la puerta o encontrar la salida, la sensación de libertad y alivio son tremendas.
    Me encantó leerte, como siempre tus palabras nos guian a la reflexión y replantear muchos puntos.
    Abrazos miles, bonito jueves!

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  5. ¡Y a mí me encata que me trasladéis vuestra opinión Cristina!...Intento desemarañar lo que llevo dentro. Este "leberinto" en concreto, ya está "resuelto". Un abrazo y que tengas un gran gran fin de semana.

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