"¡Eureka!"


Siempre, siempre por mucho que se prolongue, finalmente llega ese instante en el que en posesión de una absoluta e inexpugnable convicción, te inclinas hacia una determinada postura que te lleva al encuentro contigo mismo.

Puede dilatar su llegada. Quizá te irrite la espera. Tal vez debas pelear contra mil interrogantes, casi fenecer en el hastío de la contienda, más como todo, también
pasa y llega tu segundo de tajante lucidez.

Entonces rememorando al brillante científico, lanzamos un ¡Eureka! ... o
similar.

Por fin guardan silencio las exasperantes vacilaciones que jocosas pisoteaban tus hombros bailando sin cesar.

Dónde ayer crecía entusiasmo, hoy resplandece indiferencia.

Angustias
enquistadas se evaporan para perderse definitivamente.

La quietud se instala. El aire se renueva.



Misteriosamente te conviertes en dueño de tu destino y la paz que te inunda será quién guíe tu rumbo.

Es un auténtico estado de bienestar; eres quién
sientes y sientes lo que eres. Y aunque en busca de esta verdad estemos expuestos a dar con ella y sus consecuencias, el resplandor que aporta se convierte en algo valioso, pues ha vencido al error de la ceguera.




"No vayas fuera, vuelve a ti mismo. En el hombre interior habita la verdad". San Agustín (354-430), obispo y filósofo.

2 comentarios:

  1. Llegar, alcanzarlo... y mantenerlo... mantener la serenidad de haber entendido algo...y actuar...

    Un beso! :)

    Jose

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