"Vapulear"

Hay quién se cree en la potestad de vapulear constantemente los cimientos de otro sin ningún tipo de reparo y peor aún, en la convicción de tener derecho a ello, sustentando que es más válido lo que dictamina que la puesta en marcha de los valores de aquel que recibe sus dardos.
 
Y llega un momento en el que todo se parte.
 
Se traspasa un límite y llega un final. 


Aquel que ha recibido las dañinas flechas buscando no obstante y durante tiempo explicación a semejantes hendiduras, dejando correr aire en la confianza de que es pasajero, aparta definitivamente de su lado a personas que solo embisten en lugar de cimentar. 
 

Nadie está en posesión absoluta de la verdad. Nada hay más frágil y con más definiciones, pues rara vez se llega a consenso unánime. De hecho, aquello que para uno marca evidencia, para otros no es más que síntoma de equivocación. 

Lo sí podemos hacer es beneficiarnos de las luces que una y otra verdad aportan. 

Debatir las sombras, más no aniquilar a aquel que mantiene criterio propio aunque opuesto al nuestro. Porque ocurre, incluso en ocasiones y ante la sorpresa de los que arremeten, que cuando escuchan, llegan a hacer suyas aquellas opiniones que antes criticaban con dureza.

 Como quiera que sea, con cortesía y civismo, conservemos siempre el respeto hacia el otro. Esto es infalible ante cualquier adversidad ya que, entre otros, contribuye a un crecimiento enriquecedor que revierte en ambas partes.
 
“La naturaleza  hace que los hombres nos parezcamos unos a otros y nos juntemos; la educación hace que seamos diferentes y que nos alejemos”. Confucio (551 AC-478 AC-Filósofo chino).

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