“Deseo deshonesto”

Dicen de “él” que pertenece al grupo de los 7 Pecados Capitales, entendiéndose en este contexto “capital” como fuente y creación de otras desviaciones de los mandatos divinos.

Quién viaja de la mano de este deseo dejando que se apodere de su alma, vivirá en una insalvable amargura de la que le será difícil verse liberado, pues ansía la felicidad que otro posee, sin detenerse a descubrir que “No es dichoso aquél a quien la fortuna no puede dar más, sino aquel a quien no puede quitar nada”.
 

Desarrollará tretas, (creará mentiras, emulará tener algo que no tiene…), para alimentar un sentimiento voraz de mal al prójimo tanto en el terreno material como en el intelectual, otorgando así alas al resentimiento.
 
Navegará en océanos de tristeza y agonía originada por el bien ajeno, llegando incluso a presentar patrones de complejo de superioridad ya que vivirá en la ficción de la posesión de valores, atributos y cualidades que en realidad no posee, negándolos en los que sí son dignos en ellas, de manera defensiva y agresiva.

Nada positivo. Despedaza el amor.

Pero hay vía de escape. Para cada gran pecado hay una virtud que logra aniquilarlo. En este caso, sería la no siempre puesta en práctica tarea de desear el bien a los otros.


Robert Green dijo que “en la vida no hay premios ni castigos, sino consecuencias”.

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