"Mi dilema"

Tengo razones de sobra para romper este acuerdo tácito que ha permanecido oculto y dormido durante tanto tiempo y así zanjar de una vez este desgaste acumulado. Abandonar la idea de un proyecto conjunto para dejar descansar a mi mente….

A mi corazón, ni caso que ya ha dicho bastante.

 

Claro que ello supone bajar el telón para no volver a subirlo nunca más. Dejar de representar una y otra vez escenas cuyo único público expectante, soy yo.

Desmenuzar cada vivencia, cada gesto, cada mirada, cada palabra, cada caricia, cada beso, empaquetarlo todo y lanzarlo a las arenas del desierto de Egipto, (a ser posible que caigan en un oasis para que se ahoguen), y ya de paso visito este país que siempre he querido ir.


Aunque ya puestos, lo mejor sería enterrarlo todo, cuál ajuar funerario en alguna de las pirámides. Lo malo es que si finalmente decido hacerlo, he de pensarlo dos veces, pues si bien los faraones eran fieles a esta creencia, era porque creían en la vida después de la muerte por lo que se enterraban con objetos que pensaban, les serían necesarios tras su defunción. Vamos que lo que faltaba era llegar a la otra vida y volverme a encontrar de nuevo con todo este ramillete de sentimientos y demás….

“Dime que me vaya; deshazte de mí para que yo pueda deshacerme de tí”, decía.

No. No es lo que quiero”…Todavía oigo el eco de sus palabras.

“¿Entonces? ... ¿Hay camino posible?”

Y en esta parte de la historia … ¡zas! …¡Me da por cantar!

Y nos dieron las diez y las once, las doce y la una
y las dos y las tres….

con la salvedad que nada de amaneceres buscando “lunas” ni satélites varios. Tampoco hubo “adiós”.

A día de hoy, sigo esperando vislumbrar algún camino al más puro estilo Pulgarcito. Alguna que otra miga de pan he visto, pero sigo sin encontrar las que me lleven a casa

Me ha caído lluvia, granizo, el viento casi me tumba más de una vez, el sol ha quemado mi piel dónde más tarde se posaron hojas del otoño. Menos mal que tengo grandes amig@s que me han ido acompañando en cada estación: nunca me faltó abrigo ante el gélido invierno, ni paraguas que más que parar lluvia, recogía mis lágrimas y ¡qué decir de las cremas para repeler al sol!. Ese dichoso sol veraniego que me ha tenido meses en absoluta ceguera.

                       

Más decidirme por emular el linaje real, (obviando por supuesto, la creencia de “objetos necesarios”), y erradicar definitivamente esta plaga que me atormenta, es arrancarle a mi alma .

 

¿Debería entonces dejar el ancla en este dulce-amargo ocaso-alba tratando de encontrar público receptivo en posibles nuevas representaciones?


Tremendo dilema…
 

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