“¿Te vas?”


Se apagó la luz del día y se quitó el antifaz. Abrió las compuertas de su corazón e izó banderas. Encerró en su coraza esa fachada falsa que mostraba sin recelo. Se dejó llevar por el lenguaje de su alma.

Sin poder reprimir lo que de dentro le nacía, se abrazó el calor de su cuerpo y se dejó envolver por las caricias de las palabras. Nunca había sido tan feliz.

 
Quiso retener esos instantes en sus manos y no dejarlos escapar; vivir en este constante estado de gloria. Se sentía una persona libre. Libre en la entrega, sin prejuicios, sin balances, sin las penurias del raciocinio, y no alcanzaba a comprender cómo siendo tan dichoso, se prohibía a si mismo tal ventura.

Esa lucha interna que alimentaba, le hacía incapaz en el logro de sus sueños junto a ella. Examinar cada movimiento y cada respiro, hacía que sus sentencias fueran en aumento batiendo así cualquier mínima posibilidad de fé y confianza en esa locura llamada Amor.
 
 
Ansioso por ser triunfador en la batalla, seguía adelante confundido a la vez que exaltado, pero se dejaba vencer: Su mente hablaba para callar su alma.
 
Sin embargo, el anhelo en no dejar marchar lo que tanto quería retener, permanecía.
 
Más el día, ajeno a sus deseos, emergió una vez más sin llamar y portando consigo la adulterada realidad que alimenta su cobardía.
“¿Te vas?”- preguntó asombrado.
Perpleja, respondió: “Hace tiempo que no estoy”…..

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